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No podemos definir el enojo
en sí mismo como algo intrínsecamente bueno ni malo. Simplemente "es" y
la diferencia está dada según se lo canalice positiva o negativamente.
Si un jugador se enoja
después de hacer un mal tiro pero la reacción no llega a afectar
negativamente la ejecución del tiro siguiente (y obviamente sin molestar
a los eventuales compañeros de juego) entonces podemos llegar a la
conclusión de que en ese caso el enojo puede resultar pernicioso. El
Pato Cabrera es famoso por los arranques de ira que tiene dentro de la
cancha, pero personalmente creemos, que en general los maneja bien y no
alcanzan a resultarles perjudiciales. Antes bien, tal vez aguantarse la
bronca con "cara de póker" sin exteriorizar ninguna emoción (a lo David
Duval) puede no ser lo más indicado para él porque ese tipo de
comportamiento seguramente no encaja con su real personalidad. Sólo
Cabrera sabe hasta qué punto le afecta o no el enojarse y creemos que es
lo suficientemente profesional e inteligente como para evitarlo si sabe
que lo perjudica. El enojo altera la respiración y la frecuencia
cardíaca, pone tensión extra en los músculos, hace perder la
concentración y la frialdad necesarias para mantener el plan de juego
predeterminado.
El golf es un juego muy
difícil y es en realidad un juego de errores. Normalmente no gana quien
haya hecho más ni mejores tiros sino el que realice menos tiros malos.
Pero tiros malos se hacen siempre y la actitud que se tome luego de
hacerlos es fundamental. Ben Hogan decía que durante una vuelta de golf
él solo pegaba tres o cuatro tiros verdaderamente buenos, tal como los
había imaginado previamente. O sea que menos del cinco por ciento de los
tiros de Hogan durante una competencia eran excelentes. Pese a lo cual
ganó muchísimos torneos. La pregunta es: ¿hubiera podido ganar tanto si
después de cada tiro que no saliera de acuerdo a los esperado Hogan se
hubiera enojado, enterrando los palos en el suelo o revoleándolos por
los aires, exteriorizando así toda su bronca?
Cuando nos enojamos
liberamos ciertas hormonas en el torrente sanguíneo que ocasionan, entre
otras cosas, que los músculos se tensionen y se contraigan. Esto da
mayor impulso para descargar fuerza contra el origen de nuestro enojo,
lo cual puede ser muy útil en una pelea callejera pero no es positivo ni
deseable en el golf. La tensión que se transmite a los músculos destruye
el swing y hace prácticamente imposible que se logre un movimiento
armónico y coordinado.
El enojo es normalmente
producto de las expectativas. Las cuales crean ansiedad, necesidad de
respuesta y por ende presionan. Y cuando las cosas no salen como uno
esperaba, entonces viene el enojo y probablemente la hecatombe.
El objetivo debe ser jugar y
divertirse, independientemente del resultado. Dando siempre el ciento
por ciento de uno mismo, concentrándose en hacer las cosas lo mejor
posible, pero aislándose del resultado. Sin análisis ni críticas.
Dejemos eso para después, para otro ámbito distinto del de la cancha, en
donde se podrá hacer una evaluación más certera y útil.
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